Nosotros, él y yo, comenzamos al revés.
No somos los únicos, sé que hay muchas personas más que también inician al revés.No hubo cortejo, ni siquiera indirectas. Todo fue al revés.

La primera vez que nos conocimos nos besamos. Puedo asegurar que él sintió lo mismo que yo cuando juntamos nuestros labios: nada.
No se trataba de sentir, sólo de hacerlo porque queríamos portarnos mal. Él no buscaba una novia, yo no buscaba un novio, sólo alguien con quien salir, ir al cine, besarse, esas cosas que se usan en los “free”.

Lo extraño era que lo comencé a ver mucho más seguido de lo que veía a los que había considerado los amores de mi vida (tres tipos de los que no se hace ninguno).

Ya pensando, con la cabeza y no con la hormonas, me di cuenta que ese chavo que quería sólo para divertirme me ponía más atención que aquellos que me habían jurado amor eterno, como la canción.

Hice memoria y no pude recordar una relación, de novios, en la que mi hombre y yo saliéramos a pasear, a patinar, a cenar, a comer, al cine. Vaya, ni siquiera alguna vez nos habíamos quedado acurrucados en la cama viendo una película de terror.

En cambio, con él hice (y hago) todo eso y más. Primero llegue a la conclusión que era más fácil estar con alguien de quien no esperaba nada y que no esperaba nada de mí.

Después decidí que todo siguiera normal, sin compromisos de por medio, porque, después de todo, los dos habíamos querido las cosas así.

Sin embargo, sólo salía con él y no es que antes saliera con uno y con otro, sino que llegó en un momento en el que muchas de las personas allegadas a mí se fueron alejando.
Ya saben, esas ondas de que empiezan a tener novio,a casarse, comprometerse y de repente te hacen a un lado. Sin querer, él había llegado en el mejor momento porque pude dedicarle toda mi atención sin sentirme atada o comprometida.

No se convirtió en costumbre, porque no lo es. Si hay algo chido en nuestra relación es que hay espontaneidad.

Pero siendo sincera, no sé desde cuándo comenzamos a portarnos como novios, ya incluyendo la palabra y lo que esto implica.
No tenemos fecha especial, nos conocimos un diciembre 13, pero no sé exactamente cuándo pasó el flechazo y creo que no hace falta porque sí tenemos dos fechas importantes: su cumpleaños y el mío.

Volver a confiar en las personas es sumamente difícil y a veces cometemos el error de que por una la llevan todas, sin embargo, sé que si me vuelvo a equivocar podré hacer lo que siempre hago: tomar lo bueno y olvidar lo malo.

No sé a que se deba que no peleemos, que no nos celemos, que no tengamos desconfianza el uno del otro aún sabiendo las circunstancias en cómo comenzó esto, pero lo que sí sé es que esta “pared” que habíamos puesto cada uno para no salir lastimados, poco a poco ha ido desapareciendo.

El miedo que tenemos a salir heridos se ha ido minimizando con el hecho de saber que él es importante para mí y yo para él.

No pensamos en un futuro juntos, porque sería pedir demasiado, pero sí pensamos en que mañana tal vez nos veremos para cenar o quizá para ir al cine, o simplemente,me llevará a comprar cervezas al oxxo porque tengo ganas de tomar. Así de sencillo es esto.

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