Hace cinco minutos terminé de leer “El Cártel de Sinaloa. Una historia del uso político del narco”, de Diego Enrique Osorno.  Tres semanas me llevó leer la mitad del libro. Una gran cantidad de nombres y fechas impedían “devorarlo” como acostumbro hacer con los libros. El resto de las páginas me tomó 3 horas. Difícil no desvelarse cuando página a página y párrafo a párrafo, vas descubriendo los matíces a los que hemos estado expuestos y que pasan sin que alguien nos lo recuerde, salvo el autor del libro.

La cantidad de información a la que tenemos alcance en el libro, hoy en día es vital. Diariamente leo y escucho noticias y sólo después de leer “El Cártel de Sinaloa” he logrado entender, un poco, el por qué al miedo que siento por mi familia, por mis amigos, por mí, por mi País. Y más allá de hallar culpables, hallé la raíz del meollo.

Diego Osorno (Foto que tomé prestada de su FB).

No es que estuviera ajena a lo que se plantea en el libro, sin embargo, la perspectiva que toman las palabras y el final en el que desembocan brinda un panorama completamente diferente al que los medios de comunicación nos han venido pintando desde tiempo atrás. La realidad está frente a nosotros, pero miles de planas, notas, y minutos de televisión de los medios de comunicación la sepulta.

Reseñar el libro sería difícil, al menos para mí. No sabría por dónde comenzar, puesto que cada tema es digno de ser leído y analizado con ojos propios. Las respuestas a esas preguntan que rondan en nuestra cabeza, sólo las podemos hallar o acercarnos a ellas, leyendo bajo nuestras propias dudas.

Sólo puedo decir que lo que siempre se ha sabido se comprueba; lo malo es que como sociedad lo seguimos permitiendo.

Compartiré algunas de las cosas interesantes que leí. Son pocas y las más vanales, porque si las escribiera todas, tendría que transcribir el libro completo.

“El Cártel de Sinaloa”.

En base a investigaciones, se dice que desde 1886 en Sinaloa ya se plantaba, entre otras cosas, mariguana. También explica que cuando se hablaba de fumadores de opio, las referencias están dirigidas hacia los chinos, quienes emigraron al país y fueron los que trajeron consigo la amapola y que por cierto, fueron tratados de la peor manera por el pueblo mexicano.

En “Los chinos”, nombre de unos de los capítulos del libro, asegura que, en base a registros de los años 20, en algunas calles de la Ciudad de México, Mexicali, Tampico y Tijuana, se fumaba opio “sin demasiado problema”.

En una entrevista que Diego Osorno le hace a Paul Gootenberg, éste le asegura que uno de los ingredientes secretos de la Coca Cola es el Marshall, que no es otra cosa más que cocaína.

En México, hay más gente muriendo de Tuberculosis que a causa de armas de fuego. Según se especifica en el libro, de enero del 2000 a junio del 2008 se estima que más de 15 mil personas han sido ejecutadas. En el mismo tiempo, 22 mil 581 mexicanos murieron por la enfermedad antes mencionada.

Nosotros olvidamos muy rápido, exigimos, y realmente, poco hacemos para tener el derecho a “merecer” . Merecer una vida mejor, merecer no sentirnos atemorizados, merecer libertad, merecer tranquilidad y sobretodo, merecer paz.

Me quedo con la frase: “Cada pueblo tiene el gobierno que merece”. ¿Mereceremos el gobierno que tenemos?

En la foto, Diego Osorno. La imagen la tomé prestada de su FB.

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