Entonces entraron en la habitación varias personas que hicieron coro alrededor del enfermo. La alegría que asomó a los ojos de Josef al ver a sus visitantes sorprendió a Jack Dehovitz.
Él había observado que la mirada de los enfermos de sida solía apagarse poco a poco como la luz de una bombilla conectada al interruptor de un reóstato.
Por el vecino hospital había corrido la noticia del inminente final del hombre que había humanizado un poco los corredores del Saint-Clare, y los que lo querían y habían cuidado venían a decirle adiós… todos aquellos amigos cuya generosidad, abnegación y competencia habían contribuido a suavizar una larga y dura prueba.
Josef los miró despacio, uno a uno, tratando de expresarles su gratitud en silencio. Sonreía. Aspiró un poco de aire con dificultad y en un susurro dijo:
–Todos vosotros sois aún más grandes que el amor.
Lo que le quedaba de vida se agotó con esas palabras.
Dominique Lapierre
Más grandes que el amor
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