Vivo en una ciudad en la que los embarazos en adolescentes preocupan: han aumentado considerablemente. En la que aún muchas personas tienen en su mente que Diversidad Sexual es sinónimo de: pecado, degeneración, inmoral, aberrante y muchas otras palabras que me da pena escribir aquí.

Vivo en una ciudad en la que las señoras casi se persignan al ver a una jovencita de 14 años con un bebé en brazos. En la que se gasta más en bodas pomposas que en invertir en seguros médicos o académicos. En la que las parejas enamoradas prefieren vender sus bienes materiales para gastar en la boda de sus sueños, que gastar en comprar muebles que mínimo perduren más de los 5 años que duran los matrimonios promedio.

Vivo en una ciudad en la que si una mujer llega de madrugada a su casa, es tachada de zorra o prostituta. En la que si la mujer usa la pabra “coger” la catalogan de “malhablada”; en la que el hombre puede tener su catedral y a la vez sus “capillitas”.

Vivo en una ciudad en la que las parejas todavía se casan porque “la novia salió embarazada”. En la que la virginidad aún es valorada y en donde la fiestas de 15 años son más importantes que la economía familiar.

Vivo en una ciudad en donde la mujer aún piensa que si el hombre se viene afuera no puede quedar embarazada. En donde la mujer se preocupa más por no embarazarse, que en cuidarse de enfermedades de transmisión sexual. En donde muchas adolescentes aún creen que en su primera vez son infértiles.

Vivo en una ciudad en donde la cajera de la tienda emite risitas tontas cuando una mujer compra condones. En donde los señoras se asustan si una mujer lleva entre su despensa una caja de condones. En la que los chavos ven lujuriosamente a una mujer que pide en voz alta condones en la farmacia  y en la que los señores ven con disgusto a una mujer que lleva en su carrito del super condones.

Sí, vivo en una ciudad en donde tener una vida sexual activa RESPONSABLE es tener que soportar miradas asesinas, risitas tontas y el morbo de todos aquellos que consideran que sólo el hombre tiene derecho a comprar condones.

Si eso tengo que soportar yo, con 25 años cumplidos, ejerciendo una profesión, con pareja estable y con una mentalidad de “me vale madre lo que pienses de mi”, ¿se imaginan la vergüenza que puede sentir una adolescente que desea comprar condones para iniciar su vida sexual?

Cuando compro preservativos en un supermercado, famarcias, oxxo o seven, siempre compruebo lo mismo: La sociedad tiene doble cara y eso, entre otros aspectos, ha causado las problemáticas sociales que sufrimos hoy en día.

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6 comentarios en “De condones y ciudades moralistas

  1. “¿se imaginan la vergüenza que puede sentir una adolescente que desea comprar condones para iniciar su vida sexual?” Frase ganadora.

    Pues sí, desafortunadamente vivimos en una ciudad con doble moral, esa es la palabra, porque por un lado espanta ante las jóvenes embarazadas, sexualmente activas, condones, sexo premarital, diversidad sexual…y por otro promueve en gran medida la infidelidad, la explotación sexual femenina y la violencia familiar. Pero nos gusta aparentar que no: que se es muy conservador y correcto.

    Y es por eso que generalmente las mujeres que tratamos de vivir libre y responsablemente debemos sobrellevar el mote de “zorras” “perdidas” o no sé que más.

    A pesar de TODA la información que hay con maestros, internet y libros los jóvenes seguimos muy desinformados sobre la sexualidad. Más que por falta de recursos informativos por falta de cultura, a estas alturas del siglo es casi una suerte que logres ser educado -o te eduques por tí mismo- de manera sana y responsable a confrontar una sexualidad sana y sin prejuicios.

    Buen post.

  2. Excelente post, y coincido contigo en cuanto a la mentalidad de “me vale madre lo que pienses de mi”. Desgraciadamente la sociedad tiende mucho a prejuiciar y a pensar con morbo, que para mi humilde opinión eso es ignorancia.

    Saludos…

  3. Una triste realidad sin duda y es de los precios de la doble moral que aqui se vive… pero como siempre digo la gente siempre va a tener de que hablar de los demás sin fijarse en los problemas de la vida propia.

    Todos tenemos grandes defectos, grandes virtudes y sobre todo mucha cola que nos pisen… al fin somos humanos lo importante es ocuparnos cada quien de lo nuestro y no hacernos parte de los chismes o la doble moral… no hablo únicamente de quienes condenan o ven con malos ojos la vida sexual de otros; sino de las platicas y comentarios que no hacen más que destruir.

    Hay que vivir nuestra vida y es lo que importa quienes hablen que pese en sus conciencias.

  4. Desafortunadamente no es sólo un tabú que afecte a una zona en particular. De igual forma podrías sustituir “una ciudad” con “un país” y el significado entero de tu puesta se mantendría intacto.

    Puedes también intercalar la referencia con “un mundo” y el resultado sin titubeos se repite.

    Es desgastante ver el morbo, el miedo, el desinterés hacia el mas accesible de los preservativos. Sus actitudes sólo reflejan el nivel tan bajo de educación que se tiene en nuestra actualidad.

    Muy acertadamente mecionas los conflictos sociales que ves por estos rumbos, pero si alejamos un poquito la lupa y vemos (como decía mi profesora de Paz y Justicia) a manera externacional, nos damos cuenta que esta misma actitud troglodita no permite el avance de paises enteros donde el VIH/SIDA es casi más común que el resfriado.

    De los 20 paises con el mayor porcentaje poblacional, 19 pertenecen al continente Africano. No es coincidencia; el uso del condón es comparable a una herejía, la prostitución es omnipresente, y esos dos ingredientes juntos son la razón por la cual, de los casi 40 millones de casos reportados a nivel mundial, mas de 26 millones se localizen en África.

    El uso de éste anticonceptivo

    1. El uso de este anticonceptivo como norma y no excepción (y su misma aceptación dentro de las diversas culturas del mundo) no es tan fácil como uno –que ya lleva tiempo utilizándolo– pudiera o quisiera creer.

      Durante mi tercer y cuarto semestres en el CBTis 21 en Mexicali, a mis recién cumplidos 16 años, tuve la oportunidad de realizar 600 horas servicio social en la clínica de la Cruz Roja, ubicada en la Colonia Pueblo Nuevo, la cuál, aún siendo el tapete de bienvenida a quien cruza la frontera desde Estados Unidos, figura todavía entre los barrios más pobres de la ciudad.

      Debido a su denominación como la original Zona Roja de Mexicali, su bajo nivel económico, y su alta densidad poblacional, la colonia cuenta desde hace mucho con servicios prestados en esta clínica que otras regularmente no proporcionaban (por ejemplo, el banco de sangre hacía exámenes gratuitos de VIH y otras enfermedades venéreas semanalmente, ofrecían condones genéricos), y uno de estos servicios eran clases dos veces por semana de planificación familiar, los miércoles por las tardes y los sábados por la mañana.

      Recién llegado nuestro grupo de aspirantes Técnicos Laboratoristas a la clínica, nuestro coordinador (el doctor hematólogo de base) preguntó quién tenía facilidad de palabra y no le molestaba expresarse en grupo. Yo levanté la mano. Él dijo, bienvenido, facilitador de las clases sabatinas.

      Al principio no fue nada fácil, ya que no era raro entrevistar parejas que tenían más tiempo de casados que lo que yo tenía en este planeta. Me veían con caras indescifrables, entre asombro y desconfianza. Pero yo próntamente aprendí a romper el hielo con plática cordial y sincerándome de entrada. Muchos sabían algo sobre métodos anticonceptivos y preservativos, pero muchos más jamás habían siquiera visto uno fuera de su caja. Y ahí estaba yo cada semana, más virgen que aceite de olivo y mostrándole a personas que tenían sus dos o tres (o más) críos cómo utilizar propiamente un condón.

      Entre todo tipo de risitas, dormicomentarios, sandeces, y albures de mi auditorio, cada sábado por 36 semanas dí la misma presentación a casi 450 parejas y otros tantos individuos. Ninguno menor de 23 años de edad. En promedio, activos sexualmente desde los 14. Nueve años dándole macizo antes de tu primer condón es bastantito.

      Las razones se repetían como estampitas de álbum: que si por falta de información; que si porque no creían necesitarlos estando casados; (la clásica) que si porque no se siente igual; y (la que aún sigo sin poder creer) que si porque “me dijo que me iba a dejar por otra si lo hacía usarlos”.

      Y así, durante mi estadía en la clínica de Septiembre a Junio (’91-’92), a muchos de ellos los ví mas de dos veces. Me saludaban efusívamente. Recordaban sonriendo algunas de las cosas chuscas de aquellas clases. En la gran mayoría de los casos venían a hacer citas en obstetricia. ¿Los condones que les dimos? Bien, gracias.

      Ya ni porque eran gratis.

      Muchos de los hijos de mis “alumnos” ahora serán sexualmente activos. Espero que haya alguien que les diga que, si les da pena ir a un oxxo, o farmacia, o mercado para comprar condones, por lo menos vayan a la clínica y se lleven unos, al cabo ahí los regalan. Nada más tienen que donar una hora de su sábado escuchando a algún practicante incauto que, muy probablemente, aún no ha tenido con quién usar un preservativo.

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