Nunca he tenido la oportunidad (afortunadamente) de cubrir las conocidas “notas rojas”, pero siempre me ha quedado la inquietud de conocer hasta dónde llegan las consecuencias de esos accidentes, asesinatos, robos y sucesos que llenan de sangre, morbo y amarillismo la  vida de los ciudadanos.
Los reporteros que cubren esa fuente se basan únicamente en informar cómo murió, quién murió, cuándo y por qué.  Sí, desde luego esas preguntas son las más importantes, según te enseñan en la facultad. Pero la verdad es que son tan crueles y crudas esas notas, que da impotencia la poca empatía que se tienen con los familiares o con los mismo afectados que le brindan al reportero material para laborar.
Hace poco un encabezado en El Norte decía así: “Asfixia a su hija y la entierra en el patio de su amiga”.  La mujer de nombre Delia, dio a luz en el baño de su casa, según informaron los medios; después del alumbramiento metió a su recién nacida a una bolsa de la basura. Al día siguiente la enterró en el patio de la casa de una compañera de trabajo. “No se mencionó si tiene más hijos” se leía también en el artículo.
Lo cierto es que esa mujer, Delia, fue compañera de trabajo de mi mamá durante más de 15 años, hasta que la semana pasada judiciales llegaron hasta la empresa en donde laboraba para arrestarla por el asesinato de su pequeña. Delia sí tenía dos hijos más: una adolescente de 16 años y un niño de 12.
Desde luego lo que hizo es difícil de imaginar, las consecuencias de ello ya las está pagando; por desgracia, también sus hijos, quienes por el resto de sus vidas serán señalados como “los hijos de la señora que mató a su hija”.
Delia es viuda, a su esposo lo asesinaron cuando trabajaba en EU hace ya varios años. Sus hijos son medios hermanos, la mayor es hija de su difunto compañero.
La vida se ha complicado para ellos, mucho más de lo que ya estaba.
La señora siempre fue una mujer de carácter fuerte, de las personas que no les importa desgreñarte o gritarte majadería en la calle. La colonia en donde nació y creció tiene esa fama, muchos de los vecinos que viven por ese rumbo, por desgracia, se contagian de esa forma de vida.
El hijo menor de Delia siempre fue problemático en la escuela. La falta de un padre, las carencias económicas, compartir su espacio con abuelos, tíos, así como la apoca atención que recibía, desencadenaron a un niño agresivo; el típico niño que golpea a todos los que puede sólo por eso, porque puede.
A punto de graduarse, las mamás de los compañeros que él tanto agredió, se unieron para pagarle los gastos de su graduación
porque su mamá aún debía el dinero. La maestra del niño le ha mencionado a la abuela de éste que si lo desea, no lo mande a la escuela; las miradas, los comentarios, los chismes y susurros siempre están ahí, señalándolo y un jovencito de 12 años, no puede con eso.
La familia de Delia: sus padres y hermanos, se ha peleado con todo aquel que le ha brindado ayuda, buscan hallar a un culpable sin observar que la única culpable es la mujer a la que ahora le lloran por estar encerrada. Su vida dio un giro radical; tendrán que ser abuelos y padres de dos adolescentes que se han quedado prácticamente huérfanos.
Nada de lo que menciono anteriormente ha salido publicado en los medios de comunicación, para qué, la nota era que la señora de 34 años mató y enterró a su hija…
Cientos de historias trágicas se han de escribir más allá de los medios de comunicación, pero éstas no son “noticia”, al menos no de las “que venden”. Recuerdo el caso de la joven que vivió encerrada por años; durante varias semanas los periódicos le sacaron todo el jugo posible a su historia, ahora son las televisoras las que buscan el raiting a través de la chava que, claro está, se merece que la ayuden, pero, ¿qué será de ella cuando su historia pase de moda para los medios y para aquellos que los leen, ven y/o escuchan?
Muchas veces me han preguntado si volvería a trabajar en un medio de comunicación “no alternativo”. Mi respuesta siempre es: “no sé”, porque la verdad no lo sé. Me da tanta impotencia ver cómo se lucra con la tragedia de la sociedad y ver cómo fomentan el morbo y el amarillismo. Difícilmente podría dedicarle mi tiempo a un trabajo que no considerara ético y por desgracia, las experiencias que he tenido con aquellos grandes medios de comunicación me han demostrado que son todo, menos completamente éticos.
Me hubiera gustado ejercer en la época en la que el periodista sólo necesitaba capacidad intelectual, ética profesional, pluma  y  libreta.  Pero bueno, menos mal que mi área está más enfocada  a la cultura, nunca hubiera podido con la nota policíaca, esa es una de mis (in)capacidades: no hago lo que no me gusta.
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2 comentarios en “Más allá de informar, sentir

  1. Lamentablemente así es, y obviamente que en ese tipo de casos no se profundiza por el hecho del “sujeto” en cuestión no es alguien de “nombre”, como dices, será conocida de tu mamá, pero para la sociedad en general, solo es un caso más de violencia familiar, que a la semana se olvida.
    Si cada suceso “trágico”, el reportero tuviera esa sensibilidad, imaginate el lloradero, es algo que pasa a segundo plano, es la chamba, no corresponde consolar, simplemente informar, y la verdad no cambiaria nada saber más a fondo, mientras no sea algo que pudiera ayudar en la situación legal de la mujer.

  2. Sí, tienes razón, el mundo estaría lleno de lágrimas…quizás pienso así porque yo soy bien llorona jaja. Cuando leo notas así no puedo dejar de pensar en la familia de ese o esa afectada, atropellada, ejecutada, asesinada..etc. Creo que ser sensible es un arma de doble filo.

    Gracias por el comment =D

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