Estaba leyendo los ritos y mitos sobre la menstruación y me vino a la mente el día de mi primera vez. La primera vez que me convertí en señorita, que di el paso de niña a mujer, que se me descongeló el biteck, que me volví “sangrona”, etc, en resumen, la primera vez que me bajó.

No hay acto más vergonzoso, claro, a la edad de los 12 años, que  darte cuenta que tu vida cambió para siempre. En mi caso fue el momento en el que mi mamá y mi abuela recalcaron frases cómo: “Ahora sí, a ver si no te salen un montón de espinillas por tanto mugrero que comes”, “Tienes que dejar de comer tamarindos porque sino te darán cólicos”, “Ya no podrás andar de chirotona con los huercos” (chirotona es la expresión que mi abuela usaba para referirse a mi niñez: trepar en los árboles, jugar carreritas en las bicicletas, pelearme a patada con mis primos, hacer marometas sobre los patines, etc.).

Tenía 12 años cuando pasó, y aunque estaba preocupada porque a todas mis amigas de la primaria ya les había llegado su período, la verdad es que muy adentro de mi ser deseaba que jamás apareciera esa maldita mancha roja…pero mi deseo interior valió gorro un mes de agosto de 1997: unas manchas cafés auguraban la llegada de mi primera regla y se convirtieron en el detonante para los cambios que mi cuerpo sufrió.

Lo que aconteció después del “suceso” hoy me mata de la risa, era como si me hubieran operado y necesitara reposo absoluto. Desde luego, esos tres días fueron un cambio dramático en mi vida. De andar de “chirotona” como me decía mi abuela, pasé a estar sentada siempre y caminar como no queriendo caminar. Cuando la familia notó mi cambio, entre susurros mi mamá y mi abuela decían: “Es que ya es señorita”.

Y sí, tu vida cambia por completo. De repente tienes ganas de llorar por la nada, o de golpear nomás por que sí, te vuelves intolerante, corajuda, sentimental… hay un sinfín de sentimientos encontrados que ciertos días al mes desquician tu vida y la de aquellos que por desgracia se cruzan en tu camino. Además de la parte biológica, osea la tan mencionada frase de : “ya puedes convertirte en madre”, está todo aquello que despiertan esas malditas hormonas: los niños ya no son tan niños, sino niños guapos ; te peinas 15 veces al día, sólo para ir a la tienda; te enamoras de cualquier chavito que tenga un rostro más femenino que el tuyo y para acabarla, crees que por tener tu período ya eres toda una mujer… ¡so false!

A casi 13 años de haberme convertido en “señorita”, lo único que ha valido la pena en esos días de “marea roja” es que puedo ponerlos como una perfecta excusa para todo tipo de aspectos en mi vida: “No vine a trabajar ayer; tenía cólicos”, “no lavé; tenía cólicos”; “no quiero salirme de la cama; tengo cólicos”; “es que ando en mis días, por eso paso 15 horas dormida”; “es que andaba en mis días, por eso ayer te menté la madre”; “es que ando en mis días, tenme paciencia”, y por supuesto, ya no te peinas ni siquiera una vez al día, (al menos yo), los niños, sí algunos son guapos, pero también demasiado idiotas y ser mujer no es sólo menstruar, es …bueno, ser mujer es un tema demasiado extenso, sólo lo dejaré en que es una bendición.

Cómo se puede apreciar, convertirse de niña a mujer tiene también sus privilegios, después de todo ¿cómo no sacarle provecho a tan horrendos días?

Y bueno, como les decía, recordé todo eso porque leía sobre la menstruación, así que les compartiré algunas cosas interesantes (y juro que no asquerosas) que encontré en la revista Conozca Más:

En diversos clanes de la edad antigua, cuando una mujer comenzaba a sangrar era subida a las copas de los árboles, se colocaba sobre un cajón hecho de hojas o se enterraba hasta la cintura. Todo por temor a que alguna gota de su sangre contagiara a la Tierra.

Los Falashas o judíos de origen etiope colocan a sus mujeres en “casas de sangre”, en las que son reclutadas durante siete dís hasta que esa etapa de impureza demoniaca desaparece.

Los Chiriguanas de los Andes aislaban a las niñas en el momento de su primera regla  durante un año en habitáculos en los que no podía hablar con nadie y permanecían de cara a la pared.

Los Indios Mondurcus de Brasil encerraban a las mujeres durante “sus días” en una celda especial dentro de una cabaña mensutral, y todo el pueblo podía acudir a arrancarles el cabello.

Pensándolo bien, nosotras corrimos con suerte…

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2 comentarios en “¿Te acuerdas de tu primera vez?

  1. Navidad del 94, como olvidarla en vez de correr por los juguetes fui corriendo al baño

    por eso odio la navidad, pero muy pocas personas lo saben, 16 años casi y aun no supero el trauma a la navidad.

    jajajajajajajajaja

    cuando puedas vivista mi blog, esta en el twitter

  2. Mi primera vez fue a los nueve años :S, mucho más pronto que a la mayoría de las niñas de mi edad. Siempre fui una precoz en asuntos como que me gustaran los niños, o maquillarme y esas cosas, al menos me interesaron más pronto que algunas chavas de mi generación, creo que estuvo un poco relacionado a eso.

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