Comencé a leer Las intermitencias de la muerte dos semanas antes de que José Saramago decidiera partir, y digo “decidiera”, porque una persona como él: lúcido hasta su último suspiro y fuerte hasta su última letra, podía tomarse la libertad de elegir el día, la hora, el minuto y el segundo de decir: “Si no volvemos a morir, no tenemos futuro”.

Y Saramago vaya que dejó un futuro prometedor: para él, para nosotros y para ellos que aún no existen pero que lo conocerán a través de su pluma.

El tema del libro tuvo para mí un doble significado; las dos semanas antes de la muerte de Saramago me abrió los ojos hacia el más allá, hacia eso que el escritor planteaba y en lo que yo nunca me había puesto a pensar: lo que pasaría si la muerte desapareciera y durante meses nadie muriera. Una visión extraña, pero que Saramago pone al alcance.

La otra parte, la que leí después de su muerte, es como un llamado y una reflexión hacia lo que verdaderamente importa: el hoy. Saramago lo supo hasta su última letra, el hoy es lo que más perfecto que un ser humano puede vivir, incluso si está acompañado por la misma muerte.

Es el primer libro que me toma casi un mes devorar, las páginas tenía que leerlas y re leerlas para poder captar lo que Saramago expresó en cada página. Seguramente fue un arduo trabajo poner a pensar y a razonar la mente humana, pero él lo logró a través de sus textos.

Tengo la manía de sacar frases de los que leo, algunas tienen significado especial para mí, otras tienen doble mensaje y algunas más las considero, simplemente indispensables.

Les dejo algunas de las frases que “subrayé” en Las intermitencias de la muerte.

“A veces el estado no tiene otro remedio que buscar fuera quien haga los trabajos sucios”.

“Con las palabras todo cuidado es poco, mudan de opinión como las personas”.

“Si no volvemos a morir, no tenemos futuro”.

“Como están las cosas, ya no sabemos ni lo que está bien, ni lo que está mal”.

“Las enfermedades tienen algo curioso, los seres humanos siempre esperan librarse de ellas, de modo que ya cuando es demasiado tarde, acaban sabiendo que esa iba ser la última”.

“Nada se pierde, todo se transforma”.

“La muerte por sí misma, sola, sin ninguna ayuda exterior, siempre ha matado mucho menos que el hombre”.

“Yo no soy la Muerte, soy simplemente la muerte”.

“Las palabras se mueven mucho, cambian de un dia a otro, son inestables como sombras, sombras de ellas mismas, que tanto están como dejan de estar”.

…”Ejercicio oneroso del sexo”.

“Morir es, a fin de cuentas, lo que de más normal y corriente hay en la vida, asunto de pura rutina, episodio de la interminable herencia de padres a hijos…”.

“Vivimos en un tiempo dominado por la hipertrofiada utilización de siglas en la comunicación cotidiana, tanto privada como pública, no le quedaría mal la abreviatura simplificadora de icar”.

“La muerte lo sabe todo a nuestro respecto, y quizá por eso sea triste. Si es cierto que nunca sonríe es porque le faltan los labios, y esta lección anatómica nos dice que, al contrario de lo que los vivos creen, la sonrisa no es una cuestión de dientes”.

“Yo soy la muerte, el resto es nada”.

“No hay nada en el mundo más desnudo que el esqueleto”.

“…Interpretar el sentido de los suspiros”.

El libro termina diciendo: “Al día siguiente no murió nadie”, pero al día siguiente de que Saramago decidiera partir, sí murió alguien: Carlos Monsiváis, pero de él ya escribiré mas adelante.

Anuncios

2 comentarios en “Las intermitencias de la muerte

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s