Entrevista con Andrés Ríos Molina sobre su libro Memorias de un loco anormal. Publicada en La Rocka #120

Antes de la revolución mexicana ya ocurrían hechos en los que la nota roja tenía impacto en la sociedad; en el siglo XIX crímenes marcaron el desarrollo de dicho género, que ahora en el siglo XXI, sigue cimbrando al lector.
En Monterrey tenemos casos conocidos: El de la casa de Aramberri, que después de 77 años se sigue recordando a detalle como si hubiera ocurrido semanas atrás (hasta se sigue hablando del perico de las mujeres). Otro es el todavía sin resolver, caso de los hermanitos Peña Coss.
A nivel nacional, casos sobran, pero hay uno en particular que sigue “actual”: Gregorio Cárdenas, considerado el primer asesino serial de México.

Editorial Debate publicó hace el libro Memorias de un loco anormal, que relata la historia y el impacto de “El chacal de Tacuba”, como se le conoció durante los años 40 a Gregorio.

A través del libro, Andrés Ríos Molina, escritor colombiano, ofrece un vistazo a la nota que nos sigue horrorizando y nos sigue fascinando. Para el autor, somos una sociedad en la que abundan criminales que nosotros mismos hemos “creado”.

“La realidad va alimentando el mito, es una relación semiótica, ni los medios de comunicación podrían vivir sin la nota roja ni la nota roja podría sobrevivir sin los medios de comunicación. En el libro señalo que los medios son un papel fundamental en moldear la opinión pública.

“Cada ciudad moderna va moldeando sus propios criminales y fantasmas. La sociedad le da patrones de comportamiento al criminal; le enseña cómo comportarse y cuál es su modus operandi. Vamos viendo criminales que se van acoplando a un modelo y ese modelo se va creando a la sociedad”, explicó Andrés Ríos Molina.

En las páginas del libro se muestran fotografías de los periódicos en aquellos años: los medios impresos llenaban las planas con encabezados descabellados y fotografías que brindaban una foto novela que describía lo que Goyo Cárdenas había hecho: matar y enterrar a 4 mujeres en el patio de su departamento.

El joven de 27 años y estudiante de preparatoria, con buen trabajo, de buena familia y un futuro prometedor, se transformó en el criminal que la sociedad quería presumir. Fue arrestado y durante 4 años estuvo en el manicomio; luego lo trasladaron a la cárcel de Lecumberri en donde pasó 3 décadas.

Cuatro años después de quedar en libertad, en 1980, ingresó a la UNAM como estudiante de Derecho y se recibió en 1985. Litigó hasta que su edad avanzada se lo permitió y falleció en 1999. Ha sido el único criminal al que la Cámara de Diputados le ha brindado una ovación de pie. Los diputados presumieron con bombo y platillo al “hombre rehabilitado socialmente”.

La historia de Goyo Cárdenas se planteó como una sucesión de escenas cómicas, grotescas, tristes y crueles (cómo se menciona en Memorias de un loco anormal), retratándolo como “un asesino serial a la mexicana”, retrato que fue hecho por la información que se publicaba en la nota roja, un género que está en el presente de los medios de comunicación y, desde luego, estará en el futuro.

“La nota roja sigue vendiendo de una manera impresionante porque hay una seducción por la sangre, la muerte, la destrucción. Es algo que tenemos los seres humanos adentro; nos pintamos como sujetos civilizados, pero la morbosidad sigue en la cotidianidad y es parte de nosotros”, finalizó el escritor Andrés Ríos Molina.
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Un comentario en “Goyo Cárdenas, el primer asesino serial de México

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