Yo no se qué es cumplir 25 y eso que los cumplí hace 7 meses. No le tomo importancia a la edad, después de todo, hay personas que tienen 30 y se sienten de 18 y hay de 18 que se sienten que 40. La edad es relativa, pero supongo que cumplir un cuarto de siglo debe ser especial.

Me cuesta trabajo mirar atrás. De mis 23 a mis 25 sucedieron cosas que ni de los 15 a los 23 me hubiera imaginado. Soy mala con el tiempo, en el sentido que no tengo noción de él. No se qué hice el año pasado, no se hace cuánto tiempo fue el año pasado. Es raro.

Hubiera jurado que fue hace un año cuando dejé atrás a una parte de mi. Ni yo me reconozco ahora.

Personas llegaron y se fueron. Personas llegaron y se quedaron. Personas llegaron y las corrí. Si de algo estoy segura y he aprendido en mis 25 años, es que nadie es lo suficientemente importante como para cambiarte. Nadie.

La familia es el ámbito sagrado que nos rodea y la que, en parte, me ha hecho ver qué vale la pena y quiénes.

Se fueron personas banales de mi vida pero llegaron seres extraordinariamente inteligentes a los que admiro. No son amigos, son personas inteligentes de las que aprendo. La amistad es tan frágil que no puede soportar diferencia de opiniones y metas. Por eso es bueno rodearse de personas con las que no tengas nada que perder, con las que no tengas que decir esa frase tan trillada: “una amistad que se rompió”.

La amistad nunca se rompe, eso creemos al principio, pero no. Simplemente, la amistad es inexistente. He llegado a esa conclusión.

No se trata de amistad, eso es poco. Se trata de sentimientos fraternales, eso es mucho. Tengo la fortuna de haber encontrado a las personas que merecen mi amor fraternal y que me dan su amor fraternal. No amistad. La amistad se sobrestima, no existe.

Decir “amigos” es llenarse la boca de mentiras, deberían inventar una nueva palabra, que no esté tan deteriorada y que suene a credibilidad. Decir “tienen mi amor fraternal” a personas, es decir la verdad. De hoy en adelante así lo diré.

No recuerdo todo lo que me acontece en los 365 días de un año, creo que nadie, sólo recordamos las cosas importantes. Resumiendo yo podría decir que las cosas importantes de mis últimos cinco años serían: que a mis 20 terminé la carrera; a los 21, bailé y reí como quise; a los 22 aprendí un nueva profesión; a los 23 me aventé por primera vez del bungee; a los 24, conocí a un hombre importante y a mis 25, ese hombre sigue a mi lado y yo sigo creciendo y conociendo a nuevas personas inteligentes.

Todo lo demás, no fue importante, lo supongo porque no está en mi memoria.

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