Por Irene Torres /Entrevista publicada en La Rocka #128

La historia de uno de los lugares más célebres del país: el Manicomio General La Castañeda.

Modesta era prostituta; hablaba de sexo sin recato y no veía nada malo en satisfacer sus impulsos sexuales. Tenía 35 años cuando, debido a la “libertad” en su  comportamiento, ingresó al manicomio: le diagnosticaron “locura moral”, un término que en el siglo pasado fue utilizado en la psiquiatría mexicana para referirse, entre otras personas, a aquellas mujeres que no resultaban ser “un ángel en el hogar”.

La mujer fue una de los cientos de internos que recorrieron La Castañeda, el célebre manicomio que Porfirio Díaz inauguró el 1 de septiembre de 1910 como parte de los festejos del Centenario de la Independencia de México.

La “voz” de Modesta, quien pasó 35 años en el nosocomio, hasta que falleció, fue “escuchada” por Cristina Rivera Garza a través de los archivos históricos de La Castañeda; su historia llevó a la Rivera Garza a escribir la novela Nadie me verá llorar. Pero en el Manicomio General no sólo sobresalía la historia de Modesta, también estaban los médicos, policías, jardineros, enfermeros y el resto de los pacientes que ingresaron al lugar entre 1910 y 1930.

Por ello, la escritora leyó y releyó durante una década (de forma interrumpida) los cientos de documentos que conforman el archivo; el resultado fue su más reciente libro: La Castañeda. Narrativas dolientes desde el Manicomio General (Tusquets Editores), en el que muestra, con cientos de fuentes, algunas fotos y miles de palabras, cómo “el detalle del sufrimiento es persistente, como violencia, o como reformación de vidas por un nuevo poder en el Estado”.

El ensayo histórico -un trabajo muy diferente al que Rivera Garza acostumbra a escribir- plasma que siempre, los más pobres, han sido los más lastimados en el proceso de “modernización”, eso llevó a la autora a terminar La Castañeda después de 10 años de investigación, porque afirma:

“Las voces (del libro) son de los más débiles entre débiles, vidas rotas en el extremo. Una nación que no escucha esas voces, es una nación que siempre se meterá en problemas. Actualmente somos un país en duelo, es muy poca la gente que no ha sido afectada por esta guerra inútil, fracasada y perdida, y una nación que no pone atención en esas voces, es una nación que seguirá teniendo problemas”.

La Castañeda. Narrativas dolientes desde el Manicomio General contiene casos como el de Modesta, mujeres que al ir en contra de lo pactado en la sociedad, eran catalogadas como personas de “moral distraída”; también incluye historias de otros individuos que al igual que Modesta, quedaban fuera del “orden social”. Alcohólicos, rebeldes y hasta criminales ingresaban a los pabellones del manicomio, el cual también sirvió como “hogar” para los campesinos que, con el movimiento de la Revolución y la etapa de modernidad que vivía México, se sentían extraviados en su entorno; en La Castañeda hallaron un lugar para (medio) vivir.

La escritora, en entrevista para LA ROCKA, detalla a los pacientes y al manicomio: “En el año de la gran hambruna estar afuera del manicomio era peor que estar dentro; era como una ciudad en pequeño, como una maqueta de la ciudad con todos los problemas magnificados por la enfermedad. Casi todos los pacientes que entraron pertenecían a los estatus más bajos, eran los más afectados por el proceso de modernización económica del país”.

El edificio de La Castañeda era imponente, Cristina Rivera Garza plasma en su libro que la construcción, realizada por Porfirio Díaz, hijo, contaba con 271 metros cuadrados de jardines, sobresaliendo un estilo “muy mexicano”,  porque “México se modernizaba pero, en el proceso, la modernidad también se hacía mexicana”, escribe la autora en el ensayo, quien agrega en la charla:
“La inversión económica, social y cultural que se hizo en La Castañeda fue enorme, quizás fue una de las inversiones más grandes del porfiriato”.

Pero como todo principio tiene un final,  el Manicomio General, que fungió como el inicio de la Modernidad en México, decayó al grado de convertirse, además de una institución médica, en cárcel: ingresaban, principalmente, hombres amantes del pulque, y centro de beneficiencia: los individuos que no tenían dónde vivir, encontraban en el recinto “un pedacito de suelo”.

“Había una gran diversidad de internos en La Castañeda, ahí radica su riqueza y complejidades. Nunca tuvo presupuesto para convertirse en un institución autoritaria; las personas llevadas ahí por su familia en mayoría eran epilépticos, porque eran una carga económica y emocional para cuidarlos. También había muchos alcohólicos y casos de locura moral de mujeres de conductas consideradas desviadas o excéntricas”, explicó la también autora de La frontera más distante.

En resumen, todo lo que lucía “feo” para la clase alta, podía ser estigmatizado y catalogado en muchas de las suposiciones psiquiátricas del siglo pasado; los más pobres, como siempre, eran (y son) los más lastimados.

“Para los más pobres el país siempre ha sido un país de peligro, su vida era un lugar de ruinas afectado completamente por la enfermedad, no eran vidas que estaban continuamente rotas por la tragedia, a veces era una enfermedad mental, pero en ocasiones eran circunstancias extremas: haberse enfrentado a la autoridad, haberse perdido; había condiciones que no eran psiquiátricas”, agregó la escritora.

De la Castañeda no quedaron ni los ladrillos, fue desmantelada en 1965; con el cierre del Manicomio General, cita la autora, “se destruyó, en términos literales, una larga saga del cuidado de la salud mental en México”. De los doctores, enfermeros, pacientes, y demás “voces” que se quedaron grabadas en la historia del manicomio, solo sobresalieron aquellas que fueron escritas en el archivo del lugar.
Pero el dolor, la angustia y sufrimiento que caracterizó al manicomio no se “desmanteló” como sus muros y paredes, para Cristina Rivera Garza, La Casteñeda se expandió…

“A veces me despierto pensando que La Castañeda es como si se hubiera ampliado, con todo lo que está pasando en el país, es como si estuviéramos todos juntos en esta Castañeda buscando una puerta de salida”.

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2 comentarios en “Una historia de locura

  1. ¡¡¡ HOLA !!! … Silueta de letras

    VUESTRO BLOG SE A INDEXADO, AL BLOG GALERIA 007 CHILE, BLOG’s WORDPRESS EN ESPAÑOL … , ESTE SU BLOG , SE HA SUGERIDO COMO BLOG DESTACADO Y DE CALIDAD… POR ELLO SE HA INCORPORADO… DE EXISTIR UNA POSTURA ADVERSA POR PARTE DEL AUTOR ..RUEGO HACERMELO SABER…
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    SALUDOS… IRENE AFECTUOSAMENTE…
    ALPABROX

  2. Supe de la Castañeda porque conocí a un médico, padre de un amigo, que fue según entendí en aquella charla de Sobremesa director de la misma, o quiza director de algún departamento “Dr Patiño”. Un hombre con un humor a flor de piel, lo recuerdo con su aparato en el oído, decía su hijo que si estaba escuchando pendejadas, discretamente desconectaba el aparato.
    Buen artículo, sobre el nosocomio, me gustó mucho el final… la Castañeda no ha muerto, solo se amplio. un abrazo

    http://www.teecuento.wordpress.com

    http://www.senddero.wordpress.com

    Rubén García García.

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