En entrevista exclusiva, el cineasta y escritor Guillermo del Toro, experto en provocar miedo al prójimo y acicatar su imaginación, habla del amor profundo y destructivo, la pasión humana, el México actual y los efectos del color blanco en su vestimenta.

Por Gerardo Wario

Son las ocho de la mañana del domingo 28 de noviembre. Aunque falta una hora para que la Feria del Libro de Guadalajara abra sus puertas al público, esa mañana han hecho una excepción: Guillermo del Toro quiere recorrer las instalaciones y comprar libros. El privilegio no es producto de alguna actitud de estrella insufrible o capricho absurdo; la apretada agenda y una popularidad desatada por la presencia de Del Toro en su tierra, otorgan esa única posibilidad para que el cineasta transite con calma por la Feria tapatía (por lo menos tres veces más grande en dimensiones –y relevancia- que la regiomontana). Los tumultos alrededor suyo eran previsibles y se materializaron en la presentación y posterior firma de autógrafos de su libro Oscura (Suma de Letras, 2010), segunda parte de una trilogía sobre vampiros escrita a cuatro manos junto al escritor Chuck Hogan.

Podemos, entonces, imaginar a Del Toro, corpulento, siempre de negro, recorriendo los pasillos de la Feria con la misma curiosidad y espíritu con los que recorrió, de lado a lado, las alcantarillas de Guadalajara cuando cursaba la preparatoria. O con la misma avidez de lectura que le hizo devorar enciclopedias cuando era un niño. “Eran tres”, recuerda en rueda de prensa, también atestada de reporteros. “Cómo mirar al arte, que la empecé a leer porque salían señoras encueradas; Enciclopedia familiar de la salud y Enciclopedia Juvenil Grolier. Me volví el hipocondríaco más joven de la historia. Me obsesionó la decadencia del cuerpo y a los siete años pensaba que me iba a morir”.

Infancia es destino. El universo oscuro y retorcido creado por el artista proviene de aquellos maratones de lecturas sumadas a las convenciones familiares enraizadas al catolicismo con las que se enfrentó de infante. Del Toro ha dicho que su abuela lo exorcizó, literalmente, en dos ocasiones porque decía que actuaba como poseído. Otra circunstancia, el secuestro de su padre en 1997, también ha definido otro destino, en este caso geográfico, de su trabajo.

Del Toro vive en Los Ángeles con su mujer y sus dos hijas y contra su voluntad e intenciones, descarta filmar en México en el corto plazo. “Lamentablemente, como padre de familia ahorita no puedo responsablemente encontrar una situación de seguridad que me permita filmar en México por 60 o 70 días con una hoja de llamado que dice a qué horas salgo, a qué horas vuelvo, por dónde paso y dónde estoy.  Es lamentable, pero no puedo. Si alguien hay a quien le duele eso, es a mí”, explica.

Comenta ante los medios, con una nostalgia evidente, que cuando vuelve a casa tiene ciertos rituales. “Me voy a comprar libros, a chaleco, cada que me ven entrar a una librería se ponen contentos. También en las taquerías se ponen contentos. Un menudazo en la mañana…y síguele. Lo que es terrible para mí es no poder vivirlo día a día. Eso es una pérdida muy grande. Tengo fe de que voy a volver a vivir en México y volver a filmar en México”.

Por lo pronto, parece disfrutar su faceta de escritor y lo que gira alrededor de ella. Además de presentar Oscura, se dio tiempo para hablar de “Vlad”, el relato de Carlos Fuentes, reeditado recientemente por Alfaguara, en una divertida charla junto a Xavier Velasco.También está su agenda de entrevistas, coordinada por representantes de su editorial, en la cual La Rocka aparece entre una decena de medios nacionales con exclusiva.  Hay cambios de horario, sede y apuros con el cronómetro, pero eso no afecta la disposición de Del Toro, quien sonriente y amistoso, contesta.

Dices en este libro (Oscura) algunas cosas que c hocan con la imagen del director oscuro que tenemos, rodeada de vampiros y fantasmas. Por ejemplo, “Eso que denominamos amor en las tarjetas cursis es un sentimiento mucho más intenso de lo que somos capaces de imaginar”.

Yo creo en eso. Creo que el amor es profundo y que puede ser destructivo. La idea era hacer una metáfora del amor de madre, que es asfixiante muchas veces. La relación con mi madre es perfecta, lo aclaro, pero el amor de madre puede ser sofocante, destructivo, etcétera, pero es profundo. Yo sí creo que la fuerza más grande que existe, insospechadamente, es el amor. Pero también es la más destructiva. El amor posesivo, sanguijuelesco, que tienen los vampiros en las dos novelas. Es casi el no tolerar que la gente que viva, viva sin ellos. Es muy interesante.

¿Puede ser más intenso que el miedo? ¿O el horror?

Yo sí creo eso. Creo que el miedo que dura es un miedo sordo y muy mezquino. Puedes vivir toda tu vida con miedo a ciertas cosas y es un miedo como que está sofocado, sordo, debajo del ruido de la vida en general.  El amor y el odio suceden en picos muy importantes. Hay crecidas de odio y de amor en la vida muy grandes.

En esta vocación creativa que tienes, ¿cuál fue el primer resorte: un libro o una película?

Las dos cosas. Yo empecé a escribir antes que filmar. Yo tenía seis añitos y ya estaba escribiendo cuentos; antes de filmar. Fue antes la escritura.

¿Lees autores hispanoamericanos? Que estén vivos.

De los vivos, lamentablemente te tengo que decir que no tengo un favorito.  A mí me encanta Paco Taibo II, afortunadamente está vivo, pero hace cuatro años que no he leído nada de él, no me puedo dar el taco. Bolaño me encanta. Está muerto, pero es el muerto más vivo que tenemos.

Dijiste que Mimic fue como si se te cayera el jabón en la regadera en la cárcel. ¿Escribir estos libros qué es?

(Ríe y lo piensa unos segundos) Esto es como ir de paseo, de día de campo.  Escribir estos libros es un banquete. Te doy un ejemplo: cuando escribo guión mi ritmo normal es de tres a cinco páginas por día; muy difícil. Cuando estoy escribiendo la novela, escribo de diez a quince o a veinte páginas al día. No paro. Me pico. Es como si me soltaran de vacaciones. Lo disfruto enormemente. Suena horriblemente irresponsable.

¿Le afecta a un director que maneja esta temática la situación actual? Peligra esa capacidad de provocar miedo en el espectador, que aparezca un decapitado afuera de su casa…

Es  que estás hablando de dos cosas completamente diferentes. Yo creo que el horror cotidiano viene cargado de una lamentable vulgaridad, que es prosaica, que disminuye el espíritu humano, que nos hace sentir pedazos de carne ambulantes. Y la fábula, la fabulación del horror, alimenta el espíritu. Lo que la realidad demuele la parábola lo alimenta. El horror que se provoca en la fabulación se provoca porque puedes hablar de absolutos. Puedes hablar del mal o del bien, no como valores relativos, sino como valores absolutos. Entonces te permite acceder a un campo que es exclusivo para los humanos que es la metáfora, la fábula. El horror cotidiano es degradante.

Decías que el horror absoluto sólo es posible manejarlo en la fábula.

Absolutamente.

¿Aventar una granada en un espacio público no es de una maldad absoluta?

Absolutamente, (pero) no estoy hablando de grados. Estoy hablando de que el mal absoluto es un concepto. Alguien que haga un acto deleznable, vil, repugnante, sigue siendo un ser humano. Es decir, si escarbas demasiado en esa biografía vas a encontrar valores relativos. Vas a encontrar una infancia, vas a encontrar una adolescencia, vas a encontrar un primer amor: vas a encontrar valores relativos. En cambio, hablar de Dios, el Diablo, los ángeles y los demonios, estás hablando de absolutos.

En tu libro hay una frase exacta para esto: ante el terror y la deshumanización,  la pasión humana es un acto de desafío.

Absolutamente. Yo te voy a decir una cosa, ante la muerte, existe este fenómeno, es un reflejo estudiado por psicólogos, uno de los primeros asideros ante la muerte, es el erotismo. Es una paradoja perturbadora; pero yo recuerdo a un amigo mío que estuvimos en el velorio de su madre y estaba llorando profundamente (un cineasta entrañable, brillante, inteligente). Me dice ‘te vas a burlar de mí, pero ahorita lo único que quiero es irme a mi casa y cogerme a mi vieja, porque no soporto el dolor de lo que ya no está’. Y realmente en la vida cotidiana te aferras a los amores que hay, cuando estás frente a una vorágine así. Lo que pasa es que la marejada de mierda se carga todo lo de afuera y todo lo de adentro. Y no nada más te pudre la casa, te pudre el alma, te pudre el cerebro, el cuerpo.

¿Es irreversible?

Nunca es irreversible. Nunca es. Nunca es. Mira, todo es cíclico. Absolutamente. No lo parece, pero todo es cíclico. No es que haya que ser pasivo en estas cosas, absolutamente no. Hay que estar activo, pero hay que estar activo desde cada uno de los foros. Yo lo digo: si cada quien, en la función que cumple de manera cotidiana, es la mejor persona posible, las cosas empiezan a cambiar. Es decir, si todo mundo se dedicara a la política, no habría fotocopias, no habría taxis, nadie te haría de comer, nadie te vendería ropa. Pero si el taxista es el taxista más honesto, el mejor padre, el mejor marido, lo que sea, esa es la única manera de hacer una contra marejada. Creo que la peor manera de hacer política es hacer política afuera de tu vida, a nivel social. Se empieza por la casa y la vida de uno.

Lovecraft. ¿Por qué En las Montañas de la locura? Por qué esa historia y no El Horror de Dunwich, por ejemplo.

Fíjate que la que me llegó más de chico, los dos que me afectaron más de chico eran un cuento corto que se llama “El extraño” (the outsider) y “Las montañas de la locura”, son los dos ramalazos más fuertes desde el principio. Y luego ya fueron “Sueño en la casa de las brujas”, cuentos diferentes. Dunwich me gusta, pero no me afectó de chico. Lo leí con interés, me gustó, pero no es un cuento que me haya golpeado. Yo creo que el horror, como el humor y como el erotismo son cosas profundamente personales: lo que te pone cachondo a ti o lo que te hace reír a ti no necesariamente hace reír a todo mundo. Tienes que acercarte desde lo particular a las cosas.

¿Hay un guiño al Necromonicon (célebre libro ficticio de Lovecraft) en el ‘Occido Lumen’ de tu libro?

Sí, totalmente. Al Necromonicon, al De Vermis Mysteriis, todos los libros que completan la bibliografía Lovecraftiana; el Rey en amarillo (Chambers) y creo que el otro creador de libros que no existían era Borges. Siempre me obsesionó la idea de crear un libro. Yo inventé este libro, investigué el origen, puse un poco de todo. A mí me encanta, me obsesiona John Dee; me obsesiona el affaire de los venenos en la corte francesa, con Madame de Montespan, me gusta mucho la idea de los cabalistas judíos, todo lo que me gusta está en Occido…
Decías en la rueda de prensa que tus directores favoritos eran Hitchcock y Buñuel, en este santoral particular ¿Kubrick completaría la Santísima Trinidad?

Kubrick sería probablemente, el tercero, sí. A mí me afectan muchísimo películas de Kubrick que a la mayoría de la gente no le gustan. Por ejemplo, Barry Lyndon me conmueve profundamente cada que la veo. Y el epígrafe al final en que dice “todos estos personajes vivieron y pelearon y amaron en su tiempo, pero ahora todos son iguales porque ya han muerto” me parece uno de los finales más escalofriantes y conmovedores de cualquier película.


¿Y tres escenas de cine inolvidables?

Tres escenas de cine inolvidables (respira hondo y lo piensa)… Mira, la escena final de “Brasil”, de Terry Gilliam (1985), cuando la cámara se va alejando y ves que Sam está cantando lobotomizado en medio de la nada. La escena en que a “Frankenstein” (1931) se le acaban las florecitas de la niña y la arroja al agua. Y probablemente la escena de “Los Olvidados” (1950), cuando le quitan el carrito al hombre sin piernas.

Tendremos en México un Gel Boy (Hell boy) al parecer…

¿Quién sería?

El chico del gel…

Ah, el gel (se carcajea). Esa es muy buena. (Aunque)  La vocación apocalíptica Hell boy en las películas la pudo evitar…

A tus 46 años, siete películas, muchos guiones, producciones, padre de familia, ahora estos libros… ¿ves hacia atrás y hay una vida?

No. Fíjate que el problema es que se te pasa volando. Yo todavía en mi cabeza soy un quinceañero glamoroso. Pero entonces me doy cuenta que tengo un pinche pelo loco en la ceja y otro pelo loco en la pinche oreja ¡tengo patillas en las orejas, cabrón! Y ya me doy cuenta que debería haber una vida atrás. Pero lo único que te queda con pendiente es lo que estás por hacer.

Dicen que felicidad es verse al espejo y no insultarse.

Decía mi abuelita que naces con la cara que te dan, creces con la cara que te haces y envejeces con la cara que te mereces . Creo que lo mismo se puede decir del alma.

(Mientras firma su libro al reportero, con un autorretrato adjunto) ¿Siempre vistes de negro? ¿No tienes ropa clara, algo azul…?

A mí me dijeron que adelgazaba, ca… Pinches mentirosos. Lo que pasa es que si en negro me veo gordo, las chiches en blanco no te las quiero contar. Ya son como de Miss Universo.

Entrevista publicada en La Rocka #131

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