Este año, en marzo, Ambar cumplió dos años de permanecer a mi lado, ya no viviendo conmigo, pero sigue siendo mi hija. Y desde hace dos años que no tenía otro cachorro. Así que, en parte porque necesito quién cuide mi casa y quién me escuche cuando hablo sola y no sentirme loca, decidí adoptar a un pequeño boxer a quien le puse Charlie.

Gracias a Charlie descubrí que Ambar es cruza de boxer, no sólo por el tamaño y piel que tiene, sino por la hiperactividad que poseen y desde luego, la fidelidad hacia mí.

A Ambar la veo sólo los fines de semana, el espacio de mi casa no es el indicado para tenerla a ella, es como una cabra que necesita campo, y el patio de la casa de mi abuela tiene eso y más. Con Charlie he decidido educarlo desde el principio, vaya, no cometer los mismos errores que con Ambar. Jamás pude educarla y cuando se me salía era un caos atraparla porque corre a velocidad de la luz, bueno, no tan exagerado, pero comparada con la poca condición física que tengo, pues era imposible seguirle el paso.

A Charlie “lo cansó” en las noches, es decir, todas las noches lo saco a pasear para que me deje dormir, de lo contrario me despierta en la madrugada para que juegue con él. Come mucho, caga mucho, y me hace reír mucho, es como tener un bebé de dos años en casa. Todos los días debo recoger juguetes, pelotas y demás cosas que usa para jugar.

Como Charlie es boxer, mi novio está aferrado a que le corte las orejas para que “se vea más malo”, en un principio me latía la idea, porque quiero a Charlie para que aleje a esos ladrones que frecuentan mi casa, que les de miedo, sin embargo, ya pensándolo bien desistí de esa cruel idea.

No me pareció que sólo para que un cachorro luzca más feroz deba hacerlo sufrir de tal manera, y aunque me digan que con la anestesia no sienten y largos etcéteras, la verdad es que no le hallo razón alguna para meterle cuchillo a sus grandes orejas. Es cruel privarlo de su propia naturaleza. Él así nació y si tiene las orejas como las tiene, ha de ser alguna razón. Si por mi fuera, tampoco le hubiera cortado la cola, pero cuando lo adopté ya la tenía cortada e incluso infectada.

Respeto a quienes le hacen eso a sus cachorros, pero no lo comparto. Cuidarlos no sólo es darles amor y alimento, y un techo dónde dormir, es también evitar que sufran y cortarle las orejas los hace sufrir, por poco tiempo, quizás, pero no con cortarle las orejas a mi perro éste se hará más bravo, para ello yo debo educarlo.

Por lo pronto los destrozos en mi casa siguen, y creo que mientras tenga a Charlie, seguirán. Es un niño inquieto, y presiento que no dejará de serlo y eso a mi me encanta. Cuando se vive sola por tanto tiempo aprendes que a veces quienes siempre están ahí, son tus mascotas. Y no importa si vives en una residencial o en una pequeña casa de infonavit, ellos son los únicos que te serán fieles y te acompañarán hasta que tú lo desees, o hasta que su vida se los permita.

Ambar
Charlie

 

 

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