Domingo


Vellos largos y gruesos. Redonda la cara, como toda ella. Su flequillo acentúa aún más los gordos y colorados cachetes. Porta un vestido entallado y floreado, combinado con chanclas de gallo. El vestido no es largo, por eso se aprecia inmediatamente el vello que cubre sus piernas.

Está sentada en la banca verde, esperando que el hombre a su lado cuelgue la llamada del celular. Tomó más tiempo de lo que pensó. Se le nota por su impaciencia.

Al fin colgó. Él le habla al oído. Ella mira a su alrededor. Se abrazan y sonríen. Él moviendo sus canosos bigotes; ella recostada en su hombro, cruzando sus peludas y regordetas piernas mientras. Él le voltea el rostro y le planta un beso succionador.

 

17 de febrero, 2013.

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Chabelo Jiménez, el cronista de todos los tiempos


Por IRENE TORRES

La jornada diaria para don Chabelo Jiménez inicia a las 7 de la mañana. Da gracias por comenzar un nuevo día y pide por él, su familia y por todos los que están cerca. Después, a su casi siglo de edad, comienza una rutina de ejercicios físicos, eso sí, moderados.

Al terminar ingiere su “bebida secreta”, como él la llama. ¿Bebida de qué? No lo sabremos, de lo contrario dejaría de ser un secreto. Quizá ahí radica la fortaleza envidiable que posee…

Para las 8:30am, el periodista deportivo ha llegado a las instalaciones de Multimedios para grabar sus programas de radio; permanece ahí casi tres horas y a eso de las 11am sale para desayunar por segunda ocasión y escribir las columnas que publica desde hace 28 años en el diario Express y en La Afición, antes un diario deportivo y hoy suplemento del periódico Milenio.

Más tarde don Chabelo come, continúa trabajando, se da un espacio para cultivar sus amistades y ltras pasar todo el día fuera de casa, el cronista regresa a las 7pm para cenar e iniciar su descanso a las 9:30 de la noche. Bueno, eso si no tiene partido de beisbol, porque entonces sus actividades se modifican, tal como el 16 de mayo, cuando esta reportera lo acompañó en su jornada laboral ampliada.

Es miércoles y don Chabelo está en su segundo hogar. Recorre a paso lento el camino que lo llevará a su puesto de trabajo en el Estadio de Beisbol Monterrey. Se negó a esperar el carro de golf que lo sube al palco. “Ya se tardó mucho”, dijo, y comenzó a andar con su maleta de reportero colgando del brazo derecho.

La rampa del estadio es larga: abarca tres pisos. Hasta la reportera de 27 años termina el recorrido con agotamiento; sin embargo, don Chabelo conoce bien el secreto para, a sus más de nueve décadas, llegar fresco: a mitad del trayecto toma un descanso de 10 segundos y luego avanza nuevamente.

Y así va él, subiendo poco a poco en una tarde cuyo soundtrack es cortesía del grupo Intocable; sus éxitos suenan en un Estadio donde un fuerte y fresco viento hace aun más agradable el atardecer.

Don Chabelo continúa andando mientras tropieza con recuerdos que nos comparte: “He estado en siete de los nueve campeonatos de los Sultanes”, relata.

Antes del juego, el Palacio Sultán desde arriba luce semivacío, pero la vista es admirable: el Cerro de las Mitras se presume extravagante con los últimos rayos del sol. “De noche se ve más bonito”, menciona el cronista y voltea a ver el panorama que difícilmente pasa desapercibido en lo alto del lugar.

Don Chabelo llegó a tiempo para prepararse. Su semblante no se mira agotado, sus diminutos ojos brillan con inquietud a pesar de las marcas que el tiempo ha dejado en su piel; su cuerpo encorvado sólo deja entrever que en sus años mozos fue un hombre alto; sus manos denotan los 97 años que con orgullo presume. Y lo acompaña su fuerza, esa fuerza inexplicable que muchos admiran, la responsable de que él esté ahí, en ese palco en el que narra los juegos desde hace más de 50 años.

Faltando media hora para que el segundo juego de la serie inicie, poco a poco más personas ingresan al Estadio. La transmisión radiofónica se programó para iniciar a las 7pm; en esta ocasión don Chabelo narrará la bienvenida al partido y la tercera entrada del juego que disputarán los Sultanes de Monterrey contra los Vaqueros de Laguna, de Torreón.

Él acomoda el contenido de su maletín en la orilla de su asiento: un sandwich y un refresco de cola. Se coloca una visera roja; revisa el sonido de sus audífonos y hace algunas anotaciones.

Tras asegurarse que no le falta nada, charla un momento con sus compañeros hasta que una llamada a su celular lo interrumpe. Contesta, pero cuelga inmediatamente porque el partido está por iniciar.

A las 7pm en vez de estar en casa preparándose cenar, la voz de don Chabelo anuncia para la XET y el mundo a través de internet, el inicio del juego: “¡Muuuuy buenas y deporrrtivas tarrrrrdes!”.

Comienza una jornada vocacional más para don Chabelo.

Así es la vida de este joven de 97 años. Permanece activo más de 14 horas  y lleva a cabo su rutina con perfecto orden porque así es él: perfeccionista. “¿Cómo le hace?”, es la pregunta que siempre le realizan. La respuesta nunca cambia: pasión.

“Me mueve precisamente el vivir día a día, el siempre crear un sueño diario. Hay aspectos que me mueven, como: no tener envidia de nada ni de nadie, tener un sueño, hacer mi trabajo con gusto y profesionalismo, dormir bien, y eso depende de la tranquilidad, de los deseos, de no tener remordimientos. En el sueño reparador está un tercio de nuestra vida.

“Ahora veo que para muchos jóvenes la vida empieza después del mediodía, pero creánme, la vida comienza en nuestro corazón interno, no afuera”, detalla don Chabelo.

Nacido un 15 de abril de 1915 en Real de Pinos, Zacatecas, José Isabel Jiménez Medina —su nombre completo— comenzó a narrar los partidos de Sultanes en 1955 y ya nadie lo detuvo. Ni el médico. Sólo por prescripción utiliza desde hace tres temporadas el carro de golf para subir la rampa del Estadio de Beisbol Monterrey —salvo ese miércoles—, porque si por él fuera continuaría subiendo a paso lento, pero seguro, como lo hizo durante 55 años.

El deporte y la radio no dejan de ser la pasión que lo motiva, aun cuando ambos hayan cambiado, a veces de manera drástica.

“El beisbol se ha convertido en un beisbol de especialidades, igual que muchas profesiones. Pienso que debería ser más dinámico y con menor cantidad de juegos para que la atención esté mayor concentrada”, manifestó.

Conocer a don Chabelo, su trayectoria, experiencia y anécdotas, es conocer la evolución del deporte, el periodismo y los medios de comunicación. Al ver las fotos de sus memorias,  los grandes micrófonos alámbricos saltan a la vista. A las generaciones actuales de comunicadores les costaría trabajo laborar con semejantes aparatos y seguramente ni se imaginan iniciar su carrera en una época en la que la radio era el principal medio de comunicación, se escribía a máquina y la televisión a color aún no existía.

Ah, y cuando pagaban un peso la hora por ser locutor. Pero el hombre de ojos pequeños y semblante serio vaya que ha sabido adaptarse.

“Me he adaptado a un celular, a una computadora, a un auto, a los controles de televisión, a los micrófonos, los satélites, etcétera… La vida es adaptación. Hay que redescubrir lo que se nos presenta. ¡Esa es la vida!”, expresó.

La voz del “cronista de todos los tiempos” impone y aunque su rostro posea la marca de los años,  al escucharlo cualquiera dudaría de su edad, ¿97 años? ¡Sí, cómo no! Para estar a tres años de cumplir un siglo,  él se ve muy jovial.

Será el amor a la vida, a su familia, vocación o quizás la herencia genética —la madre de don Chabelo, doña Ramonita, como se le recuerda con cariño, acompañó a su familia hasta los 107 años de edad— lo cierto es que el periodista va puntualmente a cada juego de los Sultantes y  acude a diario a la XET para presentar su programa de radio, y además escribe.

Incluso se podría decir que es inmortal: el 18 de enero del 2004 ingresó al Salón de la Fama del Deporte Latinoamericano Internacional de Laredo, Texas, y el 10 de julio del 2006 ingresó al Salón de la Fama del Beisbol Profesional en México, algo que nunca imaginó.

“Realmente nunca lo soñé (su éxito y trayectoria), siempre me ha guiado un ser superior que me ha dicho el camino y lo he seguido. Mi trayectoria ha sido trazada por casualidades, pero realmente estoy seguro que no lo han sido”, dijo.

Don Chabelo inició sus labores en la radio en Zacatecas de una manera un tanto cómica. Entró un día al edificio sólo para protegerse de un hombre que lo seguía para golpearlo tras haber discutido por un juego de beisbol. Para justificar su estancia en las oficinas, preguntó si había trabajo y la suerte, a partir de 1954, cambió.

De haber estudiado sólo la primaria y conocer el oficio de soldador, el hijo de familia comenzaba a desarrollar una vocación que lo llevaría a conocer a cientos y cientos de personas: jugadores, periodistas, líderes de opinión, artistas…

“(Lo mejor de mi vocación) Es conocer gente de la que he aprendido. Considero que cualquier persona que está a tu lado, está ahí porque te la enviaron de allá arriba para aprenderle”.

A la fecha, continúa disfrutando de su destino. Convive con su familia, aunque no es muy expresivo, como él mismo se define —y no miente: cuentan sus amigos y familiares que hasta es difícil lograr que sonría: sencillo y un tanto reservado.

Sin embargo, sus hijos conocen los grandes esfuerzos que realizó para que cada uno tuviera el estudio universitario no él no pudo alcanzar, asímismo, ellos se enfocan en seguir el ejemplo de fortaleza que su padre les enseña a diario: hacer las cosas por gusto, prepararse día a día, comprometerse con pasión y amar lo que se hace, porque, dice, “hay sacrificios, pero hay recompensas”, sabiduría que también comparte a sus allegados.

¿Qué falta en la vida de don Chabelo? Ni él lo sabe, pero afirma: “Mi vida ha sido quitar cualquier cosa que me detenga, y creáme, aún no termino”.

Artículo publicado en LA ROCKA.