Cuando dicen no, es no


La marcha de las putas, Monterrey /10 julio 2011

 

Su seguridad se notaba al andar. Tenis, pantalón de mezclilla y blusa tipo polo, sencilla y bella para la ocasión. Su compañera también: enormes tacones, bikini diminuto y pechos exhuberantes que parecían querer escapar del ajustado brasier. Bella y sexy.
Foto: Irene Torres
Ambas, orgullosas putas que salieron a marchar el pasado 10 de julio a lado de muchas otras mujeres que en compañía de sus novios, amigas, esposos; en jeans, ropa interior, en vestido y como a ellas les dio la gana, se manifestaron por el primer cuadro de la ciudad en lo que fue la primera Marcha de las Putas Monterrey.

 

Mujeres que le cambiaron el significado a la palabra puta, porque puta para ellas ya no significa una ofensa, para ellas significa aquella mujer que no teme exigir sus derechos, que no quieren ser parte del 60% de la población femenina que sufre violencia en sus hogares.
Son putas que no quieren ser parte de los feminicidios que cada seis horas ocurren en México; mujeres que más allá de gritar consignas y exigir respeto a los hombres y paradójicamente a las mismas mujeres, buscan hacer válida su libertad.

 

Para demostrarlo, las poco más de 200 personas caminaron ese caluroso domingo cuadra tras cuadra haciendo oídos sordos y vista ciega a los susurros de crítica, las miradas de acoso y los comentarios de burla que hacían los espectadores a su paso: “Pegaditas al fierro”, “Que pinche osos con ellas, güey”, “Ah, es la marcha de las putas, les encantan que les den”, “Sobres mami, muévete más”, como decían hombres y mujeres cuando el contingente atravesó la Avenida Juárez, todo eso, mientras le tomaban fotos con su celular a las mujeres más sexys.

 

Pero ellas, las putas de hoy, caminaban con la frente en alto. Mujeres libres que ni con esas ni otras palabras desistieron de su objetivo.
“Sí, somos bien putas, pero no somos sus putas” se escuchaba en la marcha mientras otras gritaban eufóricas: “No es no”, “Oye, cabrón, no me gusta el arrimón”, “Mi cuerpo no se lastima, no se hiere, no se viola”.

 

Lo gritaban fuerte para que todos esos hombres y mujeres que las miraban desnudándolas y juzgándolas, escucharan y callaran las miradas y palabras de ignorancia porque si algo quedó demostrado con la marcha, es que no solo en el Facebook del evento hubo comentarios misóginos, tontos y agresivos por la falta de información (y saber leer), también entre las cientos de personas que vieron a las decenas de mujeres, hombres, lesbianas, gays y transexuales recorrer las calles del centro hasta llegar a la Macroplaza.

 

La marcha de las putas Monterrey demostró que el camino será mucho más largo que unas calles, pero al final, las pocas que culminaron frente al Palacio de Gobierno dejaron muy en claro que “No es no”.

 

Por Irene Torres
Crónica publicada originalmente en La Rocka