Chabelo Jiménez, el cronista de todos los tiempos


Por IRENE TORRES

La jornada diaria para don Chabelo Jiménez inicia a las 7 de la mañana. Da gracias por comenzar un nuevo día y pide por él, su familia y por todos los que están cerca. Después, a su casi siglo de edad, comienza una rutina de ejercicios físicos, eso sí, moderados.

Al terminar ingiere su “bebida secreta”, como él la llama. ¿Bebida de qué? No lo sabremos, de lo contrario dejaría de ser un secreto. Quizá ahí radica la fortaleza envidiable que posee…

Para las 8:30am, el periodista deportivo ha llegado a las instalaciones de Multimedios para grabar sus programas de radio; permanece ahí casi tres horas y a eso de las 11am sale para desayunar por segunda ocasión y escribir las columnas que publica desde hace 28 años en el diario Express y en La Afición, antes un diario deportivo y hoy suplemento del periódico Milenio.

Más tarde don Chabelo come, continúa trabajando, se da un espacio para cultivar sus amistades y ltras pasar todo el día fuera de casa, el cronista regresa a las 7pm para cenar e iniciar su descanso a las 9:30 de la noche. Bueno, eso si no tiene partido de beisbol, porque entonces sus actividades se modifican, tal como el 16 de mayo, cuando esta reportera lo acompañó en su jornada laboral ampliada.

Es miércoles y don Chabelo está en su segundo hogar. Recorre a paso lento el camino que lo llevará a su puesto de trabajo en el Estadio de Beisbol Monterrey. Se negó a esperar el carro de golf que lo sube al palco. “Ya se tardó mucho”, dijo, y comenzó a andar con su maleta de reportero colgando del brazo derecho.

La rampa del estadio es larga: abarca tres pisos. Hasta la reportera de 27 años termina el recorrido con agotamiento; sin embargo, don Chabelo conoce bien el secreto para, a sus más de nueve décadas, llegar fresco: a mitad del trayecto toma un descanso de 10 segundos y luego avanza nuevamente.

Y así va él, subiendo poco a poco en una tarde cuyo soundtrack es cortesía del grupo Intocable; sus éxitos suenan en un Estadio donde un fuerte y fresco viento hace aun más agradable el atardecer.

Don Chabelo continúa andando mientras tropieza con recuerdos que nos comparte: “He estado en siete de los nueve campeonatos de los Sultanes”, relata.

Antes del juego, el Palacio Sultán desde arriba luce semivacío, pero la vista es admirable: el Cerro de las Mitras se presume extravagante con los últimos rayos del sol. “De noche se ve más bonito”, menciona el cronista y voltea a ver el panorama que difícilmente pasa desapercibido en lo alto del lugar.

Don Chabelo llegó a tiempo para prepararse. Su semblante no se mira agotado, sus diminutos ojos brillan con inquietud a pesar de las marcas que el tiempo ha dejado en su piel; su cuerpo encorvado sólo deja entrever que en sus años mozos fue un hombre alto; sus manos denotan los 97 años que con orgullo presume. Y lo acompaña su fuerza, esa fuerza inexplicable que muchos admiran, la responsable de que él esté ahí, en ese palco en el que narra los juegos desde hace más de 50 años.

Faltando media hora para que el segundo juego de la serie inicie, poco a poco más personas ingresan al Estadio. La transmisión radiofónica se programó para iniciar a las 7pm; en esta ocasión don Chabelo narrará la bienvenida al partido y la tercera entrada del juego que disputarán los Sultanes de Monterrey contra los Vaqueros de Laguna, de Torreón.

Él acomoda el contenido de su maletín en la orilla de su asiento: un sandwich y un refresco de cola. Se coloca una visera roja; revisa el sonido de sus audífonos y hace algunas anotaciones.

Tras asegurarse que no le falta nada, charla un momento con sus compañeros hasta que una llamada a su celular lo interrumpe. Contesta, pero cuelga inmediatamente porque el partido está por iniciar.

A las 7pm en vez de estar en casa preparándose cenar, la voz de don Chabelo anuncia para la XET y el mundo a través de internet, el inicio del juego: “¡Muuuuy buenas y deporrrtivas tarrrrrdes!”.

Comienza una jornada vocacional más para don Chabelo.

Así es la vida de este joven de 97 años. Permanece activo más de 14 horas  y lleva a cabo su rutina con perfecto orden porque así es él: perfeccionista. “¿Cómo le hace?”, es la pregunta que siempre le realizan. La respuesta nunca cambia: pasión.

“Me mueve precisamente el vivir día a día, el siempre crear un sueño diario. Hay aspectos que me mueven, como: no tener envidia de nada ni de nadie, tener un sueño, hacer mi trabajo con gusto y profesionalismo, dormir bien, y eso depende de la tranquilidad, de los deseos, de no tener remordimientos. En el sueño reparador está un tercio de nuestra vida.

“Ahora veo que para muchos jóvenes la vida empieza después del mediodía, pero creánme, la vida comienza en nuestro corazón interno, no afuera”, detalla don Chabelo.

Nacido un 15 de abril de 1915 en Real de Pinos, Zacatecas, José Isabel Jiménez Medina —su nombre completo— comenzó a narrar los partidos de Sultanes en 1955 y ya nadie lo detuvo. Ni el médico. Sólo por prescripción utiliza desde hace tres temporadas el carro de golf para subir la rampa del Estadio de Beisbol Monterrey —salvo ese miércoles—, porque si por él fuera continuaría subiendo a paso lento, pero seguro, como lo hizo durante 55 años.

El deporte y la radio no dejan de ser la pasión que lo motiva, aun cuando ambos hayan cambiado, a veces de manera drástica.

“El beisbol se ha convertido en un beisbol de especialidades, igual que muchas profesiones. Pienso que debería ser más dinámico y con menor cantidad de juegos para que la atención esté mayor concentrada”, manifestó.

Conocer a don Chabelo, su trayectoria, experiencia y anécdotas, es conocer la evolución del deporte, el periodismo y los medios de comunicación. Al ver las fotos de sus memorias,  los grandes micrófonos alámbricos saltan a la vista. A las generaciones actuales de comunicadores les costaría trabajo laborar con semejantes aparatos y seguramente ni se imaginan iniciar su carrera en una época en la que la radio era el principal medio de comunicación, se escribía a máquina y la televisión a color aún no existía.

Ah, y cuando pagaban un peso la hora por ser locutor. Pero el hombre de ojos pequeños y semblante serio vaya que ha sabido adaptarse.

“Me he adaptado a un celular, a una computadora, a un auto, a los controles de televisión, a los micrófonos, los satélites, etcétera… La vida es adaptación. Hay que redescubrir lo que se nos presenta. ¡Esa es la vida!”, expresó.

La voz del “cronista de todos los tiempos” impone y aunque su rostro posea la marca de los años,  al escucharlo cualquiera dudaría de su edad, ¿97 años? ¡Sí, cómo no! Para estar a tres años de cumplir un siglo,  él se ve muy jovial.

Será el amor a la vida, a su familia, vocación o quizás la herencia genética —la madre de don Chabelo, doña Ramonita, como se le recuerda con cariño, acompañó a su familia hasta los 107 años de edad— lo cierto es que el periodista va puntualmente a cada juego de los Sultantes y  acude a diario a la XET para presentar su programa de radio, y además escribe.

Incluso se podría decir que es inmortal: el 18 de enero del 2004 ingresó al Salón de la Fama del Deporte Latinoamericano Internacional de Laredo, Texas, y el 10 de julio del 2006 ingresó al Salón de la Fama del Beisbol Profesional en México, algo que nunca imaginó.

“Realmente nunca lo soñé (su éxito y trayectoria), siempre me ha guiado un ser superior que me ha dicho el camino y lo he seguido. Mi trayectoria ha sido trazada por casualidades, pero realmente estoy seguro que no lo han sido”, dijo.

Don Chabelo inició sus labores en la radio en Zacatecas de una manera un tanto cómica. Entró un día al edificio sólo para protegerse de un hombre que lo seguía para golpearlo tras haber discutido por un juego de beisbol. Para justificar su estancia en las oficinas, preguntó si había trabajo y la suerte, a partir de 1954, cambió.

De haber estudiado sólo la primaria y conocer el oficio de soldador, el hijo de familia comenzaba a desarrollar una vocación que lo llevaría a conocer a cientos y cientos de personas: jugadores, periodistas, líderes de opinión, artistas…

“(Lo mejor de mi vocación) Es conocer gente de la que he aprendido. Considero que cualquier persona que está a tu lado, está ahí porque te la enviaron de allá arriba para aprenderle”.

A la fecha, continúa disfrutando de su destino. Convive con su familia, aunque no es muy expresivo, como él mismo se define —y no miente: cuentan sus amigos y familiares que hasta es difícil lograr que sonría: sencillo y un tanto reservado.

Sin embargo, sus hijos conocen los grandes esfuerzos que realizó para que cada uno tuviera el estudio universitario no él no pudo alcanzar, asímismo, ellos se enfocan en seguir el ejemplo de fortaleza que su padre les enseña a diario: hacer las cosas por gusto, prepararse día a día, comprometerse con pasión y amar lo que se hace, porque, dice, “hay sacrificios, pero hay recompensas”, sabiduría que también comparte a sus allegados.

¿Qué falta en la vida de don Chabelo? Ni él lo sabe, pero afirma: “Mi vida ha sido quitar cualquier cosa que me detenga, y creáme, aún no termino”.

Artículo publicado en LA ROCKA.

El río Santa Catarina


Un detalle de historia hidráulica

Existe la creencia popular que para predecir las lluvias en Monterrey, hay que ver como los negros nubarrones se ponen encima del cerro de la Silla pareciendo grandes humaredas. O incluso los antiguos decían un refrán: “Cuando el cerro de la Silla sombrilla y el de las Mitras sombrero, seguro aguacero”. Y cuando estaba el aguacero y los truenos muy fuertes, las viejitas rezaban: “Santa Bárbara doncea, que en el cielo fuiste estrea, líbranos de la centea”.

Lo cierto es que éste jueves 27 de agosto se cumplirán 100 años de una de las inundaciones que ha sufrido nuestra zona metropolitana y los municipios situados en la cuenca del río San Juan que abarca a los ríos Pesquería, Salinas, Santa Catarina y Ramos. Como preámbulo de la tragedia, el 10 de agosto de 1909, se habían dado una fuertes lluvias que también habían causado destrozos a Monterrey y a sus municipios aledaños. La población apenas se estaba recuperando cuando el día 27 de agosto, se dejaron sentir fuertes ventarrones que venían por el cañón del Huajuco.

Se dice que la inundación de 1909 es la más terrible de todas, pues proporcionalmente hubo más pérdidas humanas y materiales. Hace 100 años, Monterrey contaba con 80 mil habitantes y el estado de Nuevo León sumaba 300 mil personas. De acuerdo a testigos de la época, se decía que las causas de gran inundación de 1909 eran dos: la situación de Monterrey en un valle rodeado de montañas y su posición con respecto a la entrada a la Sierra Madre conocida como la Boca del Potrero de Santa Catarina, conocida actualmente como el cañón de la Huasteca y porque el río Santa Catarina recoge el agua que cae en 32 cañones.

Precisamente el río que más ha expuesto a constantes peligros de inundación, es el río Santa Catarina. Este nace en plena Sierra Madre Oriental, en la llamada Sierra de San José, cerca del Tarillal en Santiago, Nuevo León, a 2,369 metros sobre el nivel del mar. El río luego se interna a Santa Catarina por el cañón de San Cristóbal. De ahí hasta la boca del potrero que ahora llaman de la Huasteca, el río recoge las aguas de 32 cañones que a su vez reciben los torrentes de las lluvias que se dan en Santiago y Santa Catarina, de la Mesa del Norte y de las sierras de Arteaga, Saltillo y Ramos Arizpe, Coahuila.

El río Santa Catarina corre primero de sur a norte y luego de sureste a noroeste, atravesando un cañón largo y angosto entre las estribaciones de la llamada Sierra del Toro o Taray y de algunos poblados de Santa Catarina como San Cristóbal, El Marrubial, Tinajas, El Alto, los García, Buenos Aires, Nogales y los Horcones para luego salir ya engrandecido por el Cañón de Santa Catarina. Luego se desliza por desfiladeros de la sierra de Anáhuac ya en terrenos de Santa Catarina y luego de San Pedro. En donde estaban los antiguos molinos Jesús María, se nutre con las venidas del agua que conduce el arroyo del Obispo, que caen en la sierra de las Mitras. Se interna a Monterrey por la antigua comunidad de San Jerónimo y sigue atravesando a los municipios de Monterrey, Guadalupe y Juárez; hasta que en Cadereyta se junta como tributario del río San Juan para después desembocar en el río Bravo.

Las aguas que lleva regularmente el río Santa Catarina se deben a los escurrimientos de agua de los pantanos subterráneos, ya sea de los deshielos de la sierra de Arteaga y de Saltillo, de la humedad que captan los distintos ecosistemas y de mantos freáticos que hacen brotar manantiales que alimentan al río y como les decía al principio, porque recoge la lluvia de 32 cañones o accesos de cadenas montañosas que componen a la parte serrana que pertenece a Santa Catarina. Esos cañones reciben los nombres del Pajonal, la Mielera, Santa Juliana, Sandías, Salazar, San Pablo, Escaleras, Cortinas entre otros más.

Ahora, ¿porqué su cauce es seco regularmente en todo el año? Por que los servicios de Agua y Drenaje de Monterrey mantienen poco menos de 30 pozos de agua con una profundidad fluctuante entre los 80 y 114 metros, de los cuales se saca el vital líquido para el consumo humano e incluso industrial de García, Santa Catarina, San Pedro Garza García y parte de Monterrey.

También hay una respuesta que tiene que ver con la leyenda relacionada con la Virgen de la Purísima, cuando dicen que llovió 40 días en 1757 y Antonia Teresa, la zapatera tlaxcalteca, llevó a la imagen de la virgen Chiquita y con ella tocó las aguas embravecidas del río Santa Catarina, desde entonces, dicen que su caudal se oculta en el lugar conocido como Morteros y que resurge en San Jerónimo.

La distancia existente que va de la entrada del cañón de Santa Catarina hasta la calle Juárez de Monterrey, son de 14.5 kilómetros en línea recta. Por tener un cauce sinuoso, el río baja en una pendiente promedio de 10 metros por kilómetro, haciendo que su cauce se vuelva más peligroso, incluso que la de los llamados rápidos de las cataratas del Niágara.

El río Santa Catarina, hizo posible el establecimiento de Monterrey y su zona metropolitana y generó un sistema económico basado en la agricultura, la ganadería y la minería. En la época colonial, la llamada hacienda de Santa Catalina fue una de las más prósperas e importantes del Nuevo Reino de León.
En documentos coloniales aparece como “la mejor de todas las haciendas desde Zacatecas a estas partes”. Y todo porque contaba con agua suficiente del Río Santa Catarina. Durante la época colonial irrigaba las labores agrícolas de los municipios que ya les mencioné. En el siglo XIX, con su fuerza alimentó las antiguas industrias de los molinos Jesús María, la Fama, la Leona, el Blanqueo y la Sombrerería Universal, iniciando así la industrialización de la zona metropolitana. Ya en el siglo XX apoyó las labores de minería y de ganadería, luego los procesos de industrialización e hizo posible que se abastecieran del vital líquido lugares como García, Santa Catarina, San Pedro Garza García, Monterrey, Guadalupe, Juárez y Cadereyta.

Así como el río Santa Catarina ha dado vida y desarrollo a la zona metropolitana, también ha dado destrucción. Se tienen referencias de que Monterrey ha sufrido al menos 15 inundaciones. La primera inundación que tenemos referencia, gracias a los registros históricos, es la de 1611 y otra en 1612. La primera destruyó la original ciudad de Monterrey que estaba cercana a los ojos de agua de Santa Lucía. Eso hizo que se trazara otra población en donde actualmente está la plaza Zaragoza. El cronista Alonso
de León supo por testigos que la mitad de las casas quedó destruida. En septiembre de 1636 se repitió una inundación, Alonso de León se refiere a ella tan destructiva que: “parece se abrieron las cataratas del cielo y rompieron las fuentes del abismo de las sierras, según las bocas por ellas reventaron” llevándose las arboledas de sus riveras, desgajándose de sus sierras las peñas, causando pavor y miedo, derribó todas las casas de Monterrey y las iglesias, dejándolo hecho un desierto?.

Por crónicas de la época se sabe que los ríos La Silla, Santa Catarina y Pesquería se desbordaron provocando muchas desgracias. Seis años después, en 1642 y 1648, después de unas fuertes lluvias, el río Santa Catarina volvió a salirse de su cauce y se repitieron en 1716, 1752, 1756, 1775, 1782.

Ya en el siglo XIX, en 1810 y en 1881 el río Santa Catarina recuperó incontenible su cauce, causando destrozos de gran consideración. Y las fuertes lluvias que provocaron las inundaciones en 1909. Las más recordadas por sus efectos destructivos, pues se calcula que murieron cerca de 5 mil personas y muchos municipios quedaron prácticamente barridos, como General Bravo, Los Aldamas, los Rayones, Santa Catarina, Monterrey y especialmente el popular barrio de San Luisito, actualmente la colonia Independencia.

Precisamente en ese año, las aguas embravecidas del Río Santa Catarina se llevaron todo lo que encontraron a su paso, se dice que eral tal la desolación, la destrucción y la tristeza imperante, que su testimonios pueden verse en el libro El río fiera, bramaba de Osvaldo Sánchez y Alfonso Zaragoza que publicó el AGENL en 1989 y otro publicado por don Humberto Buentello Chapa. También en el año de 1910 llovió fuertemente en la región.

Las aguas del Santa Catarina también hicieron de las suyas el 28 de agosto de 1938, cuando las lluvias se presentaron todo el día y el nivel del agua subió hasta un metro incluso en los lugares más altos de Monterrey. En el mes de septiembre de 1967 el huracán Beulah trajo también inundaciones sobre la ciudad y en 1978 copiosas lluvias inundaron el cauce del río.

Hace 21 años la del Huracán Gilberto, que convertido en tormenta tropical, dejó sentir su fuerza entre el 15 y 16 de septiembre de 1988 cuando vació su furia en un gigante que estaba dormido. Aparentemente cada 20 o 30 años, el río Santa Catarina provoca inundaciones en Monterrey y sus municipios aledaños. La memoria y el temor a ellas, hacen que nuestros gobernantes realicen obras para evitar más problemas. Por ejemplo, siendo gobernador Ignacio Morones Prieto se iniciaron la obras de canalización del río en 1993 y con Fernando Canales Clariond se construyó la presa llamada cortina rompepicos.

A mi juicio, seguimos expuestos a inundaciones pues toda la zona metropolitana está en cañadas y pasos naturales de arroyos que hemos urbanizado. Es incongruente que mientras en otras partes del mundo se paguen cantidades de dinero por limpiar los ríos, aquí se empeñan en llenarlos de canchas, juegos y otras cosas que no vienen al caso. La cortina cuando mucho, recogerá la lluvia
de algunos 20 cañones de la sierra, dejando a otro tanto sin control alguno. Además no entendemos los ciclos que nos anuncian que debemos tener cuidado de las lluvias y de las inundaciones, pues todavía no tenemos la necesaria infraestructura hidráulica que evite tantos destrozos.

Tenemos ciclos que nos recuerdan que entre 20 y 30, el río Santa Catarina reencuentra su vocación de río. Aunque lo veamos seco e inofensivo, es un gigante que además de vida, ha traído muerte y destrucción.

Cordialmente
Antonio Guerrero Aguilar
Cronista de la Ciudad de Santa Catarina

Texto de Monitor Político (es de la inundación de 1909)
Fue escrito en 2009.